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11/19/12 “Hambre Golpea a Hispanos en la Gran Manzana”, El Diario

Categories: Press

Juan Matossian, El Diario, 11/19/12

Click here for original story in El Diario

NUEVA YORK – El número de hispanos que dependen de bancos de alimentos y similares para recibir su sustento diario en Nueva York crece imparablemente año tras año, según las principales organizaciones de distribución alimentaria de emergencia.

Para muchos latinos pedir ayuda a estos servicios les ha supuesto replantearse sus esquemas. Una de ellas es Gabriela, una mexicana que prefiere no dar su apellido y que tiene a su cargo a tres hijos menores en Sunset Park, Brooklyn.

Gabriela cuenta que donde ella vivía antes de llegar a Estados Unidos, en Santa Lucía del Camino, no se podía permitir lujos, pero nunca tuvo que pedir comida a nadie. Desde hace casi un año acude con regularidad a un centro de distribución de alimentos en la Cuarta avenida, cerca de su domicilio, para llevar el sustento a su familia.

“Me daba mucho apuro pedir comida por caridad, pero unas amigas me convencieron de que no tendría que avergonzarme”, relató Gabriela. “Me decidí porque tenía peligro de perder mi casa, y no quería llevarme a mis hijos a otro barrio donde las escuelas fuesen peores”.

En los últimos tres años, se ha registrado un aumento de más del 20% en el número de personas que acuden regularmente a servicios alimentarios de emergencia.

Y la demanda ya no sólo se limita a gente sin techo, sino que donde está creciendo sobre todo es entre familias con un hogar, especialmente si son inmigrantes, de acuerdo a datos recogidos por las organizaciones Food Bank for New York City y New York Coalition Against Hunger.

En los cinco condados ya son 1.5 millones – uno de cada cinco – las personas que dependen de centros de distribución de comida o comedores de beneficencia. Y se calcula que el 43% de la población hispana de la ciudad –dos de cada cinco- tiene problemas para poder permitirse alimentos de primera necesidad.

Los servicios alimentarios de emergencia son en ocasiones esenciales para latinos que buscan rehacer su vida. Es el caso de Heriberto Ríos, un puertorriqueño que en su juventud perteneció a una pandilla, llegando incluso a ver peligrar su vida al ser apuñalado en una pelea, y ahora hace lo que puede por salir adelante, aunque depende para ello de los comedores de beneficencia.

“Nos dan de comer muy bien y nos dejan llevar una vida digna, en lugar de pedir por la calle”, contó Ríos, nada más terminarse su comida en el comedor que habilita la Iglesia de San Francisco Javier, en Manhattan.

Aumenta la necesidad

La Ciudad ofrece otras alternativas para recibir alimentos, como el programa de food stamps (cupones de comida), al que están suscritos 1.8 millones de neoyorquinos, según el Departamento de Servicios Sociales.

Para Héctor, un puertorriqueño jubilado que tiene a su cargo a su padre enfermo, ni siquiera este programa es suficiente.

“Recibimos cupones de comida, mi padre colecta el Medicaid y los dos tenemos seguridad social, pero después de pagar el alquiler, las facturas y la enfermera que cuida a mi padre, a veces no llegamos a final de mes”, aseguró Héctor, en un testimonio que compartió con Food Bank for New York City.

“No tuvimos más remedio que comenzar a acudir al comedor de un centro de envejecientes en El Bronx, y las comidas que nos dan ahí se han convertido en esenciales y nos hacen la vida mucho más fácil”.

A pesar de que el número de personas que acuden a comedores de beneficencia aumenta, Food Bank for New York City, el principal proveedor de alimentos de emergencia de la ciudad, vio recortados sus fondos en casi un 50% en 2011.

En el último año, los recortes federales al programa de asistencia alimentaria de emergencia también han llevado a los comedores de beneficencia y a los centros de distribución de alimentos de los cinco condados a servir 11 millones raciones de comida menos que el anterior.